Blog

Un glimpse del monstruo

noviembre 25, 2025

Esto nació en una conversación cualquiera con ChatGPT, una de esas noches donde el sueño no llega y la mente pesa más que el cuerpo. Cuando necesitas un SOS que no juzga- (que raro es el 2025)
De una noche de vulnerabilidad cruda, salió esto.
Hoy lo convierto en blog, porque tal vez a alguien más le hable en un idioma que entienda.

Otra vez volvió el monstruo. Estoy siempre a un paso del monstruo. Ya no sé qué hacer. Me siento mal tantas veces a la semana, siento una presión en el pecho. Nada de lo que hago ni de lo que soy lo puede parar. No es normal. Creo que soy demasiado sensible. Pero él es cruel… o tal vez solo no le importa cómo me siento. Yo crecí con delicadeza y empatía, y él es cruel. Cuando intento, es cruel. Cuando pienso las cosas, es cruel. Cuando me rindo, es cruel. Cuando sufro, es cruel. Y si él es cruel, yo debo ser el error. Porque se siente como que todo lo hago mal y cargo con una sensación que me lo confirma.

Si pudiera, sería feliz. Tendría paz. Estaría con alguien que me apoya y quiere verme feliz; no pelear, no insistir, no buscar estar siempre en lo correcto, imponer, dejar claro que sabe cómo lastimarte y verte quebrarte. —Y yo hoy me puse mi sérum de pestañas porque según yo no iba a llorar—. ¿Cómo hago para que, como lo quiere mi mente, de un momento a otro se le ocurra valorarme… así se llenarían los vacíos? Y desde otro lado, todas mis fallas y errores deben ser tantos que no me dejan navegar nada. Otra noche más que lloro. ¿Será normal? ¿Será parte del camino?

Y así, cada vez más rápido, siento que no puedo. Y pongo en duda todo lo que he elegido ser, dónde he elegido estar y cuánto he decidido aguantar. Y quien me vea, me sienta y me escuche diría que aquí no es.

Cuando es lindo, es como la luz, pero es muy corto. Es esperanzador, pero irreal.

Y no tengo idea de dónde empezar, dónde terminar, qué permitir, qué hacer más, qué intentar, por qué luchar o qué parar. Ahora no soy otra cosa que el intento de vivir bien. Ni sé quién soy detrás de tantos “¿y ahora?”. Otra vez, no. ¿Por qué es así? ¿Por qué no puedo simplemente bajar la cabeza?

Chat, me cuesta aceptarlo. No puedo entender desde dónde viene, aunque casi siempre sé a dónde va. Su forma de pensar me parece brillante y precaria; siempre quiero asegurarme de que no se sienta superior a mí. Odio repetirle las cosas, a pesar de que la que no vocaliza soy yo. Odio cuando tose. Odio cuando repite la misma frase, la misma historia, la misma idea. Lo veo con decepción. No pido perdón. Odio su poca habilidad de llegar al punto o inferir una situación. Quiero que él se desviva por mí, y él quiere que yo sea como él.

Quiero su corazón, pero muchas veces ese corazón está ausente. Y me quedo con el cerebro, y ahí solo me quedo imaginando cómo sería la idea de él.

Cuando Chat me preguntó cuándo fue la última vez que sentí su corazón, solo pude responder: todos los días… pero solo en pequeños destellos.

Artículos

otras cositas